jueves, 26 de diciembre de 2013
Assasin
Puede que tengas alma?
Vacío veo a través de tus ojos...
Puede que existan seres como tú
Hechos de la nada
Insaciables
Insaciantes
Puede que seas mi peor pesadilla
Dandome de a probadas
La mas sublime ilusión
Para hacer mas dura la caída
Hacerme dudar hasta de mi misma
Convirtiendote en un monstruo de la noche a la mañana
Jugando con lo que siento de manera tan experta
Como si fueces hecho específicamente para usarme
O mas bien como si yo hubiese sido hecha
Para ser usada por ti
domingo, 1 de diciembre de 2013
Amor Clandestino
Eras..
ese sol de estío
ese sol de estío
que me calentaba
tras cada una de mis tormentas
ese niño cuyos ojos
me relajaban
tan sólo de mirarlos
mi vicio
mi ocio
mi anti-deber
eras el reposo
la risa
la ligereza de nuestra familiaridad;
acompañandonos. confiando
no conozco hoy en ti nada de eso,
pues ese astro de calor
ha extinguido su llama
para convertirse
en frío hielo de tundra;
haciéndote inhospito,
antiguo refugio de mis tempestades,
siendo ahora
la principal cosa que me atormenta,
tu ausencia.
y ya no puedo buscar
tus ojos,
pues temo si no los encuentro.
para que no delaten
éstas ventanas de luz mi aflicción,
pues intentan imitar
tu frialdad
pero débil soy y dejarán
transparentar este clandestino,
susurrado amor
y este gritado "te extraño" revolucionario.
y ya no eres ni mi vicio,
ni mi ocio,
ni mi anti deber.
de a momentos despiertas
en mí
desdén y de manera permanente
busco llenar los espacios vacíos
que han dejado nuestras risas
al apagarse.
y me llego a preguntar en este punto
?que paso con nosotros?
sera que me perdiste?
sera que me perdi?
sera que te perdí?
será que nunca te tuve?
que significa tener a alguien?
eras el reposo, ahora eres el hastío.
eras la risa, ahora la nostalgia.
eras la ligereza, ahora la incomodidad
eras familiaridad; ahora un perfecto extraño
confianza, compañía
...eran hermosas, ya no están
eras la risa, ahora la nostalgia.
eras la ligereza, ahora la incomodidad
eras familiaridad; ahora un perfecto extraño
confianza, compañía
...eran hermosas, ya no están
miércoles, 28 de agosto de 2013
Un día mas por favor
La única diferencia entre alguien que sabe que va a dejar este mundo pronto y alguien que no, es que el primero tienen una gran ventaja que el segundo no tiene.
Imagina que mañana hay un examen sorpresa. Que preferirías? Ser el alumno que no se lo espera y que está desprevenido, relajado? o aquel que lo sabe y pasa toda la noche preparándose?
Entonces, a quién le ira mejor en la prueba? a quien sabe que le queda poco tiempo o a quien no sabe si le queda poco o mucho?
El primero conoce la fecha de algo que inevitablemente le sucederá tanto al primero como al segundo.
Entonces, por qué actuamos como si no fuese a suceder? Porque VA a suceder. De todas formas, la muerte es lo único de lo que tenemos certeza en esta vida.
El primer caso tiene algo que el segundo no tiene, y es un ultimátum, un recordatorio de que nuestra existencia terrenal es finita.
Entonces, qué debe hacer el alumno que desconoce la fecha de la prueba? Estudiar todos los días, como si la prueba fuera mañana. Prepararse.
El primero tiene un dato que le proporciona cierta paz, cierto control de la situación. El segundo no tiene ese dato, no tiene algo que pueda controlar. Esto no quiere decir que necesariamente en el primer caso la persona vaya a vivir menos tiempo que en el segundo. Unos años mas, unos años menos. Que hace la diferencia si a fin de cuenta somos siempre iguales? Mantenemos los mismos patrones sean positivos o negativos. Y cuando somos conscientes de que se nos va la vida es cuando verdaderamente la apreciamos.
Y te hace preguntarte... qué vale la pena? Las relaciones? Las experiencias? Los logros? Lo que puedas aportar? Todo vale la pena? O nada vale la pena?
Unos años más por favor. Para que? para reír? para disfrutar de la vida?
Para aquellos que desconocen la fecha de la prueba, lo mejor es vivir como si ya te hubiese llegado ese momento y hubieras pedido: "Unos años mas por favor"
Y para ese alumno que sabe que el examen es mañana... igual y de manera inevitable, todos vamos a tomar la prueba.
Imagina que mañana hay un examen sorpresa. Que preferirías? Ser el alumno que no se lo espera y que está desprevenido, relajado? o aquel que lo sabe y pasa toda la noche preparándose?
Entonces, a quién le ira mejor en la prueba? a quien sabe que le queda poco tiempo o a quien no sabe si le queda poco o mucho?
El primero conoce la fecha de algo que inevitablemente le sucederá tanto al primero como al segundo.
Entonces, por qué actuamos como si no fuese a suceder? Porque VA a suceder. De todas formas, la muerte es lo único de lo que tenemos certeza en esta vida.
El primer caso tiene algo que el segundo no tiene, y es un ultimátum, un recordatorio de que nuestra existencia terrenal es finita.
Entonces, qué debe hacer el alumno que desconoce la fecha de la prueba? Estudiar todos los días, como si la prueba fuera mañana. Prepararse.
El primero tiene un dato que le proporciona cierta paz, cierto control de la situación. El segundo no tiene ese dato, no tiene algo que pueda controlar. Esto no quiere decir que necesariamente en el primer caso la persona vaya a vivir menos tiempo que en el segundo. Unos años mas, unos años menos. Que hace la diferencia si a fin de cuenta somos siempre iguales? Mantenemos los mismos patrones sean positivos o negativos. Y cuando somos conscientes de que se nos va la vida es cuando verdaderamente la apreciamos.
Y te hace preguntarte... qué vale la pena? Las relaciones? Las experiencias? Los logros? Lo que puedas aportar? Todo vale la pena? O nada vale la pena?
Unos años más por favor. Para que? para reír? para disfrutar de la vida?
Para aquellos que desconocen la fecha de la prueba, lo mejor es vivir como si ya te hubiese llegado ese momento y hubieras pedido: "Unos años mas por favor"
Y para ese alumno que sabe que el examen es mañana... igual y de manera inevitable, todos vamos a tomar la prueba.
Paola Munoz
jueves, 8 de agosto de 2013
Off Cap 7 "Vas a gritar" Aliados
Necesitaban volver a conectarse con el dolor, con esa herida abierta que esquivan y que no quieren mirar, había que empujarlos hasta el limite de la humillación, hasta ese lugar donde el dolor mudo, al fin se transforma en un grito, había que llevarlos hasta ese lugar donde no pudieran escaparse de si mismos, había que traerlos de regreso de la crueldad hacia el dolor, había que forzarlos a sentir empatía, había que manipular al manipulador, usar al que usa, hacerlos probar a su propia medicina, había que exasperarlos, para que al fin empezaran a gritar, había que hacer un cambio de estrategia.
Había que hacerlos gritar, enojarse, atarse de su propio artajo, transformar el dolor en un grito de liberación, tienen que gritar bien fuerte, tan fuerte como para callar esa voz interna que los tortura, que los injuria, esa voz interior que los odia, había que empujarlos hasta su propio limite, hasta que pudieran dar ese grito que pone fin al abuso, tienen que poder gritar ¡Hasta acá llegaste! , había que quebrarlos, que romperlos, sacudirlos para que pudieran liberarse de esa realidad, había que llenarlos de esa angustia que es aliada, esa angustia que se transforma en pedido de ayuda, en grito de ¡Socorro!
Había que hacerlos gritar para poder traerlos de regreso de la insensibilidad, mi misión es guiar a los aliados en sus misiones y por eso grite, porque un grito es una variación en el tono, es un acento en la intención, es un cambio en el ritmo y en la estrategia.
Era importante hacer audible la desesperación y el dolor y que el desamparo se volviera grito, era importante ayudarlos a hacerse visibles, gritando ¡Acá estoy yo y hasta ahí llegas vos! había que tocarles el alma y a veces el alma grita, y en ese grito se sana.
A veces el mutismo se cura con un grito y a veces un susurro tiene la potencia de mil gritos, que necesitan ser gritados.
domingo, 21 de julio de 2013
Desconcierto
No te importo...lo se. Me doy cuenta cuando hablamos pues tu mirada muestra la actuada complacencia de que me escuchas y tus gestos cuidadosamente distribuidos llenan los espacios en blanco del monólogo que hago rápidamente para no aburrirte demasiado.
Aunque para ser sinceros, tu tampoco me importas. Tu frialdad me repele y tu falta de autenticidad y egoísmo al hablar me dan el desconcierto necesario como para impedir que te quiera como puedo llegar a hacerlo.
Aunque para ser sinceros, tu tampoco me importas. Tu frialdad me repele y tu falta de autenticidad y egoísmo al hablar me dan el desconcierto necesario como para impedir que te quiera como puedo llegar a hacerlo.
lunes, 3 de junio de 2013
Concepción Parte VIII
Pasé toda la mañana sin poder evitar pensar
en aquel sueño. Pudo haber sido producto de mi deseo más profundo y reprimido,
pero insistí en odiarme, como si sintiera celos y ganas de protegerla de mi
mismo.
Al medio día y Ade y yo fuimos a comprar los
ingredientes para un plato cuya preparación habíamos estado postergando durante
días. Estar tan seguido juntos se había convertido para mí en una costumbre que
me rehusaba a abandonar. Era como dejarse llevar por suaves olas que hacían que
el tiempo no se sintiera y que fuese indiferente a todo lo demás.
Ya en la cocina seguía la fluida conversación en
tanto nos disponíamos a trabajar. Mientras se inclinaba para encender la
hornilla, me asaltó el recuerdo de aquel sueño y voltee la cabeza para no verme
tentado a reparar en su silueta.
-Estas muy raro hoy…- me dijo entre burla y
seriedad al llamarme por mi nombre dos veces y ver cómo me distraía observando
la puerta.
Me dio
la espalda mientras abría algunas bolsas. La suave luz natural que entraba por
la ventana hacia que su cabello luciera un brillo diferente y tierno. La tela
de su ropa solo caía sobre su piel, enmarcando su pequeño porte. Me deje llevar
por un extraño modo automático en el que se puso mi cerebro, acercándome
involuntariamente unos pasos hasta quedar muy cerca, tanto que podía oler su
aroma. Una vez en esa situación no pude dar marcha atrás y puse mis manos sobre
las suyas, entrelazando mis dedos con los suyos, llegando más lejos de lo que
había pensado que llegaría tan pronto.
Algo saltó
en mi pecho con brusquedad al sentir que se ponía muy cerca detrás de mí y no
encontraba la manera de convencerme de que realmente estaba haciendo eso.
Durante los primeros segundos lo interprete como algún juego pero no me estaba
percatando de que había cierto modo de caricia, y de que sus manos se posaron
sobre las mías dejándome atrapada entre él y la mesa.
Volteo
mi rostro sobresaltada, quedando este frente al suyo. De inmediato mi cerebro
me indico que algo se estaba saliendo de lo normal. Con toda velocidad, le dio
la orden a mi cuello de girar para evitar que sus labios cayeran sobre los
míos. Fue entonces cuando me di cuenta de que había intentado besarme. Tras
estampar el beso en mi mejilla, prosiguió a besar mi cabeza. Tras notar que permanecí
inmóvil se aparto despacio.
En ese
momento ya no tenía idea de cómo reaccionar. Sentía el calor en mis mejillas
tanto así que hasta mis ojos se sentían pesados. No pude mirarlo a los ojos.
-Perdón...-
Balbuceó
Mirando
aun al suelo reuní el valor suficiente para mirarlo a los ojos y encontrarme
con una mirada triste y profunda, aterradora y sorprendentemente enamorada.
Algo pateó mi corazón y solo pude decir unas pocas palabras, mientras negaba
con la cabeza.
-…ha
sido demasiado perfecto hasta ahora… por favor no lo arruines.
Esas palabras simples me desgarraron y
continuaron repitiéndose en mi cabeza durante días. Al parecer no solo lo arruiné…es
demasiado incómodo ahora… en el instante en el que decidí que no había vuelta atrás
no era realmente consciente de que no hay vuelta atrás. Era uno de esos
momentos en los que deseaba profundamente que asi fuera aunque tenía por
otro lado la pequeña convicción de que no me arrepentía de haberme lanzado aun
no fuera la reacción esperada.
Dentro de toda mi especulación lo cierto era
que ella no abandonó un instante mi cabeza en los días posteriores.
Y yo no me daba permiso de tomar una decisión.
No fue sino hasta que un día decidió
terminar con mi intriga. Salía para el trabajo temprano y me la encontré agitada
en la acera… había llegado a toda velocidad buscándome; jadeaba.
-Ade! – dije asombrado
-Ahorrémonos toda disculpa, saltemos toda esa
parte, no puedo estar con esta indiferencia…tengo que contarte algo… que falta
me hacías!- ah, Ade y sus sustos…me va a matar del corazón con tanto suspenso…ya
me soltaba, ya me volvía a recoger. Una mezcla de alivio y decepción me inundo
por completo. Alivio por volver a tenerla cerca…decepción porque no quería que
obviara lo que yo sentía… porque el servirle únicamente de confidente me unía a
ella de una manera que no me gustaba pues me separaba de ella de la manera en
que yo quería estar cerca.
-Eres el único de quien no me importa que
piense que estoy loca. ¡Todo encaja y desencaja a la vez!…
¿recuerdas la foto? –No puede ser, pensé,
no Damián de nuevo-
-Ah, la de él con su padre… no me permites
olvidarla- dije con ironía.
-Es aterrador y no lo vas a creer… pero el
padre de Damián era idéntico al carcelero que me ayudo a visitarlo en concepción...
tuve un sueño anoche… los rostros son exactamente iguales, no hay duda.
No pude evitar el asombro. Me atrevería en
medio de mi disgusto y en otras circunstancias a decirle que se estaba
obsesionando, pero la conocía lo suficiente como para saber que de ser un
simple arrebato de desenfreno no habría acudido a mí con tanto apremio. Me contó
con más detalle. No pudo evitar mostrar cierto temor al confesarme que también notaba
un intenso parecido entre el carcelero y el señor J.P. Todo resultaba muy extraño.
Trabajaba
en un artículo para el diario, con el ambiente desordenado de una tarde en
casa. Tirada a un lado estaba la foto la cual contemple una vez más, pensativa.
Ese rostro que había visto con ánima perteneciente a alguien literalmente
difunto. Trataba de convencerme de que, por lo menos en el caso del carcelero
eran ilusiones mías puesto que Damián hubiese notado el parecido, de no ser por
alguna clase de agujero negro en su mente quizás por los trastornos padecidos
en prisión. De cualquier manera el tuvo hasta hace poco la fotografía en su
poder, descartando así la posibilidad de esta teoría.
La había
ya observado tanto que incluso la camioneta que se encontraba detrás de ellos
me era fácilmente reconocible. Me dirigí al trabajo al día siguiente en
transporte, para entregar el artículo. Tras un par de horas en la oficina me vi
obligada a salir a la calle una vez más. Otra más.
Una
camioneta idéntica a la de la fotografía se encontraba estacionada a pocos
tramos de distancia del solitario estacionamiento, al otro lado de la calle. De
ella lo vi bajar. Caminaba serio como siempre, sin embargo en esta ocasión no
pareció verse inmutado por mi presencia; de cualquier modo se me acerco.
-Damián,
no te puedes imaginar de lo que me he dado cuenta…!- comencé, con miras a
explicarle los pormenores de mi reciente hallazgo. No pude continuar. Tres
hombres mas bajaron de la camioneta y en menos de lo que pude analizar, ya se
encontraban sobre mí, uno de ellos detrás apretando con fuerza dolorosa mis
muñecas. Intentaron empujarme con violencia dentro de la camioneta. Sin tiempo
siquiera de decidir si creer o no que él estuviera involucrado y sin ninguna
idea de lo que estaba pasando no hice más que resistirme, siendo vanas mis
fuerzas en comparación con las de los tres animales que me sujetaban sin que
pudiese distinguir qué mano era de quien.
Damián
conducía. No pude identificar una sola expresión en sus ojos. Me faltaba el
aliento. Sentí como si la sangre escapara de mi cerebro al resto de mi cuerpo
al ver que nos alejábamos del edificio de la oficina. Me estremecí más que del temor, de la rabia y
la impotencia. En ese momento, el pánico era tan solo el acompañamiento del
plato principal cuyo sabor era la traición.
Una casa
de una planta, con la fachada que dejaba suponer que una vez estuvo pintada de
blanco, me daba la bienvenida, tratándose de una dirección que luché por
memorizar en el camino, teniendo en contra la velocidad a la que íbamos y el
lugar del vehículo que yo ocupaba en medio de aquellos individuos, quienes no
dejaron de lanzarme comentarios que preferí bloquear, aun sin saber que pensar
ya.
El lugar
era asqueroso. Dos catres, una lata y las paredes me hacían añorar estar en una
de las celdas de Concepción. Permanecí de pie. Uno de ellos se dejo caer
pesadamente en el catre mientras el otro se quitaba la camisa. Ahora si estaba
asustada. Damián no me miro ni por un segundo. Pero no les quitaba la vista de
encima.
martes, 7 de mayo de 2013
Ajillo o Campana
A lo largo de las aceras de la avenida Bolívar se encuentran esparcidas unas flores suaves, de color purpura pálido, cubriendo el camino desde el colegio hasta la casa Bermudez, que se encuentra justo al frente, distando bastante lo que era en mi niñez, de la foto de mas abajo.
En ese entonces era azul. Lo mas parecido a una casa de cuentos que conocía. La verja pintada de blanco dividía de la acera poblada de ajillos el tupido jardín, lleno de frágiles y a veces resecas plantas, enredaderas, llegando estas a invadir una segunda verja que dividía el jardín del amplio pórtico. Estas daban unos frutos verdes y pequeños que se pegaban con facilidad en la piel.
Te daba la bienvenida una sala con puertas a ambos lados. En ese entonces no recuerdo con exactitud los muebles que habían, pero si que el suelo de toda la casa era rustico; avanzando hasta una estancia donde se encontraba el comedor, retratos, las puertas a las habitaciones en las cuales había mas de una imagen religiosa; recuerdo las camas con barrotes blancos, el encendedor de un único bombillo sobre la misma y el cable que los unía colgando sobre la cama. Recuerdo las enormes ventanas de puertas blancas que daban al lateral del patio.
Otras habitaciones mas agradables y frescas eran ocupadas por una tía y su bebe que hoy en día tendrá unos 16 años.
También estaba terraza y la cocina. Lugar de juegos y de historias. Recuerdo incluso su olor. Recuerdo el sabor del agua con azúcar en el vaso rosado plástico y como me entretenía mientras bebía al ver los dos círculos que se formaban por la sombra del mismo a la luz de un candelero. Recuerdo las muñequitas plásticas diminutas con los brazos encorvados cuyo único accesorio era un pañal de tela y en raras ocasiones hasta un pequeño biberón. Como olvidar el temido pasillo que conducía al baño, entrando por la cocina, del cual contaban historias, pues era oscuro, largo y con un cuartito lateral en el que había una nevera y mas cosas; y cuando por fin llegabas al baño, incomodo, oscuro, amplio y con una sola luz proveniente de una muy alta y angosta ventana... lo único que deseaba era salir de allí lo antes posible.
Recuerdo el patio al cual se accedía bajando una incomoda escalera y al fondo del mismo unos cerezos de frutos amargos.
En el recorrido del colegio a la casona, le llevaba un puñado de estas flores que hace poco supe que son llamadas "campana" o "ajillo", a una anciana cuya piel suave, blanca y arrugada se me hacia idéntica al cáliz de estas. Recuerdo como jugaba con los "pellejos" que le colgaban de los brazos y del cuello. La recuerdo siempre en su silla de ruedas y su voz quebrada; pero lo que mas recuerdo eran sus ojos azules como de gato; negros, muy negros en la pupila y en el iris tan azules que casi se difuminaban con lo blanco. Y en mi razonamiento infantil recuerdo verme en la disyuntiva de por qué si las había encontrado en la calle esta señora me decía agradecida que eran flores muy caras. Hoy en día lo comprendo.

martes, 30 de abril de 2013
hoy sentí la presencia de Dios
mientras caminaba
pude sentir como Jesús marchaba a mi lado
como tomaba mi mano
un regocijo en toda mi piel me hizo saber que me abrazaba
y pude olvidar todos mis miedos
por largos momentos
cada cosa a mi alrededor me hablaba de El
o El me hablaba a través de cada cosa a mi alrededor
y abrace la vida
y ame
y fui feliz
como lo que es realmente ser feliz
paz a pesar de
y por encima de
todo problema y situación
todo lo anterior sonara a cliché
pero El me acompaña
te acompaña
me hizo saber
que aquello que busco y no se lo que es
pues no me siento conforme con nada
nada me llena
es El a quien busco
mientras caminaba
pude sentir como Jesús marchaba a mi lado
como tomaba mi mano
un regocijo en toda mi piel me hizo saber que me abrazaba
y pude olvidar todos mis miedos
por largos momentos
cada cosa a mi alrededor me hablaba de El
o El me hablaba a través de cada cosa a mi alrededor
y abrace la vida
y ame
y fui feliz
como lo que es realmente ser feliz
paz a pesar de
y por encima de
todo problema y situación
todo lo anterior sonara a cliché
pero El me acompaña
te acompaña
me hizo saber
que aquello que busco y no se lo que es
pues no me siento conforme con nada
nada me llena
es El a quien busco
martes, 23 de abril de 2013
Concepción VII
Sostuve
en mis manos el diario, a su lado, bajo nuestra sombra acostumbrada, cayendo
poco a poco en cuenta a medida que iba leyendo el artículo escrito por el,
narrando de una manera literaria, como yo había conocido a Damián, contando la versión
que sustentaba su inocencia, describiendo la manera en la que el hacia los
informes y devoraba libros, aclarando al final que se trataba de un caso de la
cárcel de Concepción. Junto al artículo, en una columna a la derecha, ponía
algo escrito por Damián… era su interpretación del libro “La vida es Sueño” con
el encabezado “Soñé haber despertado” haciendo referencia de una forma
brillante a la obra, relacionándola incluso a todo lo que había sucedido
después de conocerme.
Ella miraba el diario sin que su expresión me
proporcionara el mas mínimo dato acerca de lo que en ese momento cruzaba por su
mente, con relación a eso que yo sabía que tanto le importaba. Le explique que
varias personas tras haber visto el artículo se habían manifestado a favor de
que el caso llegara a un desenlace justo y, llamando así la atención de las
autoridades, volvieron a evaluar el caso llegando a la conclusión de que no
presentaba los cargos por los que había sido apresado. Luego le dije lo mucho
que lamentaba no habérselo contado antes de que se hubiese llevado la sorpresa
de la noche anterior.
Ella volvió a leer la columna… dejando que se
le escapara una sonrisa, dejándome saber de que era mientras leía la
parte que hablaba de ella haciéndome consciente de que no me arrepentía en lo
mas mínimo de haberlo ayudado a salir. Es lo que ella quería. Es lo que el
merecía.
-Aun me siento algo confundida- fueron sus
palabras después de un rato de haberme escuchado.
-y que piensas hacer ahora que sabes que es
libre- dije temiendo un poco la respuesta. En el fondo, imaginar que lo buscara
despertaba el ser egoísta tan dormido en mi, el cual prefería que ella
estuviera lejos a que dejara de mantenerse cerca de mí, compartiendo todo lo
que ambos amábamos -aunque fuese para obtener mi ayuda, con lo cual me
conformaba-; solo por abrir las puertas a esa misteriosa relación con el ex
convicto.
-en primera instancia… diría que ya todo lo
que pude haber hecho por el ya lo hice…-dijo pronunciando sus palabras como si
las leyera de algún lado- se veía anoche como lo que es ahora…un hombre libre.
Tras haber permanecido en silencio breves
momentos más, llego a desahogarse poco a poco, llegando a catarsis, cosa que
supe cuando me dijo que era probable que únicamente ella tuviera influencia
alguna sobre él cuando estaba preso. Que podía ser posible que hubiese sido
dejada atrás junto con los muros de la prisión.
-No supongas nada, Ade. –fue lo único que me permití
decirle al respecto. Se mostraba en paz. Difícil me había sido hasta ese
momento prodigarle alguna muestra de cariño, debido a la relación tan casi
exclusivamente intelectual que habíamos tenido; sin embargo la necesidad de
convencerme a mí mismo de que realmente se encontraba a mi lado, sumada a la
tranquilidad que secretamente me producían sus conclusiones, puse mi mano sobre
su hombro y estampe un beso en su cabeza. Atento a la más milimétrica de sus
reacciones, no pude apreciar ninguna alteración de la normalidad; simplemente
en una fracción de segundos tomo mas aire de lo normal, haciendo que mi mente
quisiera engañarse a sí misma disfrazándolo de un suspiro.
Los días posteriores fueron tranquilos,
mencionando poco menos de lo necesario, lo ocurrido. Le manifesté mi intención
de conseguirle trabajo en el diario, seguro de que tendría éxito. De alguna
manera ella priorizaba mi compañía y eso me gustaba. De cualquier modo, no
dejaba de sentir que todavía le quedaban dentro ciertos restos de
aquello que callaba y que yo no indagaba.
Pasa el
tiempo. Puedo decir que todo esta saliendo bien. Todo ha salido bien y estoy
contenta. Pronto iniciare un nuevo trabajo, agradecida de no tener que regresar
a la academia a dar clases, lejos. Ah… la academia. A veces me asalta el
recuerdo del rostro trigueño del Señor J.P…. y lo relaciono con algo tan
familiar.
Salgo
casi todos los días con él. Nuestra relación se ha estrechado de tal manera que
de ser vista desde afuera parecería que somos pareja. Entiendo que lo que
tenemos es demasiado hermoso como para convertirlo en otra cosa que no fuera
amistad de la mejor que hay. Me han comentado incluso, casi con indiscreción,
que él se preocupa bastante, que sería excelente para mí.
Y Damián.
De a poco me he acostumbrado a la idea de que el lapso de tiempo en el que
ocupaba un lugar en mi vida se ha ido extinguiendo, dando inicio de manera
subrayada desde el momento en que lo vi con aquella chica.
Desdicha
la nuestra, la de los que soñamos antes de que las cosas sucedan siquiera. De
los que tenemos un mundo interior tan grande que nos hace envolvernos en
nuestras propias historias haciéndonos confundirla con la realidad llegando a
engañar incluso a mi corazón. Quizá de alguna manera me haga bien comenzar a
crearme historias en torno a mi amigo… después de todo, el ha hecho tanto por mí.
Le importo… y a Damián… bueno. ? Que esperaba? Es un alma salvaje. Su corazón
seguramente dio riendas a una alternativa libertad mientras escribía sus
ensayos. Uno no puede esperar que el rio frene su cauce; ¿quien ha de pretender
que el viento se siente sobre una piedra a contemplar una margarita? ; Nadie
puede esperar que un tigre persiga una mariposa o que un ser criminal permanezca
fiel a una caricia de papel.
Un día
me dicen en el nuevo trabajo que tenía que entregar unos papeles al diario, los
cuales no tenía conmigo. Fui a buscarlos a la oficina del programa y mi
superior, tras saludarme afablemente, me dijo que esos papeles se encontraban
en las oficinas de concepción.
-Ciertamente…
-recordé. Le di las gracias y me dispuse a ir a buscarlos, preparando un
amortiguador interior para el recuerdo. Tras llegar y ver la enorme entrada,
uno de los guardias me acompañó a la oficina. Me hicieron esperar unos
momentos. Luego me hicieron pasar y me los entregaron. Cuando me iba, veo de
lejos al oficial que en aquellas ocasiones me había permitido el acceso a Damián.
Esa sensación. Ese ver un rostro que me presumía tener más historias de las que
en realidad vagamente tenía. Me pregunte que me estaba pasando, pero llegue a
la conclusión de que simplemente quien escribe va de a poco fusionando
historias que les adjudico a un rostro con la realidad distante a aquella
persona.
Entre tales
pensamientos, un impulso hizo que uno de mis latidos me golpeara por dentro y
me volví a preguntar por Caimbra. Me dijeron que le habían dado una
indemnización y que se encontraba trabajando y reintegrándose a la sociedad. Sentí
una réplica de las veces que había sentido el oxigeno tal cual alimentando mis
pulmones. Un agradable y cálido bálsamo hizo que mi rebelde corazón
permaneciera tranquilo.
Una vez
en casa, levante el teléfono para ver donde comeríamos aquel día. La
contestadora. Qué extraño. Comienzo de lejos a escuchar el sonido de una armónica.
Al principio me pareció haberlo estado imaginando. Pero tras unos momentos más
me fui dando cuenta de que era real y se intensificaba a medida que me acercaba
a la puerta. Me asome por la ventana.
Caimbra
estaba allí, recostado de la verja de entrada, sosteniendo el instrumento ante
sus labios. Mi primera e involuntaria reacción fue cubrir mi boca con una mano.
Me quede inmóvil unos instantes y volví a mirar. Continuó tocando y al notarme
se detuvo y bajó la armónica para quedarse sereno.
Tomé
aire y crucé la puerta. Avancé unos pasos. Pocas o casi ninguna vez había
podido verlo ante mí de pie, en toda su altura, tras haberse erguido al ver que
salí. Tenía mejor aspecto. Su rostro se veía limpio; no llevaba el arete pero
sus cruces me recordaron que se trataba del mismo de la primera vez. Me miraba
sin expresión. Le dije que pasara y posteriormente nos encontrábamos dentro,
intercambiando pocas palabras; él me siguió hasta la cocina. Algo me impedía
acercarme mucho, siquiera tocarlo.
-¿tienes
hambre?
Me
dispuse a preparar la comida. El no mencionaba nada relevante pero sus ojos no
dejaban de seguir cada uno de mis movimientos. Comimos aún en silencio.
Silencio que me llenaba de tal manera que no deseaba más nada. Simplemente
saberlo cerca, saberlo libre, saberlo feliz. Simplemente había tanto que decir
que las palabras no sabían cómo abrirse paso.
Momentos
después de silencios interrumpidos por comentarios acerca de los nuevos
trabajos de ambos, en los que hablaba tranquilo, mirando la mesa… me quede
mirando su rostro. Se sentía diferente que estuviese aquí. El sintió de alguna
manera mi mirada y clavó sus ojos en los míos, petrificando así mis
movimientos.
-Gracias-
dijo calmado, luchando porque aquella pequeña sonrisa no se le escapara.- por
todo.
Una vez
se hubo marchado, me desplomé en la cama, con la mirada perdida; en un estado
de no saber qué sentir, ni qué pensar; pero muy consciente de lo que quería
sentir y pensar. En ese momento recuerdo la foto y cómo Damián había escrito en
su carta que vendría por ella. Pudo haberlo olvidado.
Era un domingo por la tarde y tomábamos sol en
el patio mientras leíamos a Rubén Darío. Amo la pureza de nuestra relación. Ella
leía para ambos el cuento parisiense de La Ninfa.
“La cadera a flor de espuma parecía a veces
como dorada por la luz opaca que alcanzaba a llegar por las brechas de las
hojas. ¡Ah!, yo vi lirios, rosas, nieve, oro; vi un ideal con vida y forma y oí,
entre el burbujeo sonoro de la linfa herida, como una risa burlesca y armoniosa
que me encendía la sangre.
De pronto huyo la visión, surgió la ninfa del
estanque, semejante a Citerea en su onda, y recogiendo sus cabellos, que
goteaban brillantes…”
- …el delirio de los poetas- dije- que sin
malicia alguna contemplan absortos la rosada carne de las ninfas.-
En ese instante ambos compartimos nuestro
silencio. Solo la escuchaba respirar y ella a mí.
De un momento a otro ella decide entrar y la
sigo. Como si todo pasara de manera irreal, y dejándome sin palabras, ella me
retira los anteojos sin avisar, y me quedo viendo puras sombras. Veo de manera
borrosa su silueta y como se mueve cruzando la sala. Avanzo pocos pasos sin
saber si reírme o asustarme. Decidí
hacer lo segundo al darme cuenta de que se despojaba de su vestido.
domingo, 7 de abril de 2013
Bestia
Paseaba su mirada por todo alrededor, acariciando con sus ojos de bestia cada rincón, con todos los sentidos en tal alerta que me parecía que era capaz de escuchar el latir de mi corazón que palpitaba con enorme y dolorosa intensidad esforzándose por hacerlo en silencio para no ser escuchado y me daba la impresión de que en cualquier momento iba a saltar fuera de mi pecho.
Sus ojos feroces detuvieron de repente su recorrido fantasmal y se sembraron sobre mi, clavando mis pies al suelo con su mirada aterradora, socavando un profundo y doloroso hueco en mi estómago. No podría describir el frío que en aquel momento se apoderó de cada una de mis extremidades, acompañado de un caluroso hormigueo que acalambraba mi pecho.
Sus ojos feroces detuvieron de repente su recorrido fantasmal y se sembraron sobre mi, clavando mis pies al suelo con su mirada aterradora, socavando un profundo y doloroso hueco en mi estómago. No podría describir el frío que en aquel momento se apoderó de cada una de mis extremidades, acompañado de un caluroso hormigueo que acalambraba mi pecho.
Su respiración, que hasta ese momento había sido constante y sofocada, se hizo de pronto silenciosa y aguda. Era como si toda la ira del mundo se concentrara sobre mí en esa mirada, que me acusaba despiadadamente de existir y quería con todas sus fuerzas que dejara de hacerlo. Al saberlo, y dentro de todo aquel pánico que me inyectaba tanto odio en ese momento, una pizca de satisfacción salía a contrastar fruto de saber que al desquiciarlo, yo tenia cierto poder sobre el; al igual que saber que aun no me había matado.
Aun con mis pies clavados al suelo como estaban, sentí que una fuerza me sujetaba y no me permitia desplomarme. Espere en completa pausa su próximo movimiento, preparada para lo que viniera. Sus ojos continuaban allí, con su mismo odio implacable que manifestaba la profunda desesperación que le provocaba que mi corazón siguiera latiendo y a pesar de todo eso, no deje de mirarlo, con la misma fiereza amenazante, rentándolo con todo mi ser a que procediera al siguiente paso.
Y el oxigeno se abrió paso a través de mis pulmones ferozmente. Y como si un escudo protector se acrecentara en torno a mí, la ferocidad de sus ojos se transformo en inercia.
Se esfumo.
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